TARDES DE MAYO
Nunca las tardes de mayo fueron tan bellas como cuando se me presentó, momentos después de salir de aquella oficina, la cabellera suelta y a medio rizar, las mejillas de color de rosa suavemente desvanecido, pero en algunos momentos avivado por el rubor; y jugando en sus labios cariñosos aquella sonrisa hermosa que revela en las mujeres como tu, una felicidad que no les es posible ocultar. Tu mirada, ya más dulce que brillante, mostraba que tu sueño no era tan apacible como había previsto. Al acercarme a ti, noté en tu frente una contracción graciosa y apenas perceptible, especie de fingida severidad de que usó muchas veces para conmigo cuando después de deslumbrarme con toda la luz de su belleza, imponía silencio a mis labios próximos a repetir lo que ella tanto sabía.
Apoyado de codos sobre el recibidor, me imaginaba verte en mi hogar sorprendiendo mi sueño con un dulce beso como con los que solías sorprenderme por las tardes en aquel parque al que yo llamo "nuestro tesoro". Estabas ahí, sacrificando tu orgullo a tu amor. Después era yo quien iba a turbar en adelante el sueño infantil de tu corazón; podría ya hablarte de mi amor, hacerte la razón de mi vida. ¡Te amo! ¡Mágica palabra la noche en que me has dicho que soy parte de ti! Tu mirada, al encontrarse con la mía, no tendría ya nada que ocultarme; ella embellecería mi espíritu para felicidad y orgullo mio.
La mujer buena es un tesoro oculto.
Aquel hombre que la descubre,
puede afirmar que ya ganó la mitad del cielo.
Apoyado de codos sobre el recibidor, me imaginaba verte en mi hogar sorprendiendo mi sueño con un dulce beso como con los que solías sorprenderme por las tardes en aquel parque al que yo llamo "nuestro tesoro". Estabas ahí, sacrificando tu orgullo a tu amor. Después era yo quien iba a turbar en adelante el sueño infantil de tu corazón; podría ya hablarte de mi amor, hacerte la razón de mi vida. ¡Te amo! ¡Mágica palabra la noche en que me has dicho que soy parte de ti! Tu mirada, al encontrarse con la mía, no tendría ya nada que ocultarme; ella embellecería mi espíritu para felicidad y orgullo mio.
La mujer buena es un tesoro oculto.
Aquel hombre que la descubre,
puede afirmar que ya ganó la mitad del cielo.
